jueves, diciembre 27, 2007

John Banville, domina el tiempo.

Desde que leí "Los Detectives Salvajes" de Roberto Bolaño que no me deleitaba tanto con un narador que domina, que controla a la perfección la difícil tarea de representar la subjetividad del tiempo vivido. Desde la narración en primera persona es más fácil, quizá, que la tercera, en la versión surrealista y posiblemente un poco ambiciosa que se lee en Bolaño.

En "El Mar", Banville muestra una dimensión temporal agobiante, estrecha, densa, tramposa y con ello define el carácter de la temporalidad del duelo en su plenitud. En dicho poceso de reacción catastrofal ante la pérdida el sujeto se encuentra perplejo y, si pudiera, se preguntaría: ¿pasa o no pasa el tiempo? ¿En qué dirección avanza? ¿Hacia atrás? ¿o se queda atascado en un presente infernal? ¿O es un loop?. La memoria, motor del tiempo vivido hace un acopio inverosimil de los detalles, los infinitos detalles de esta memoria que falla, pero que se convierte en el único protagonista de la vida. La memoria, un dictador. Pero un dictador desordenado, caótico, que no alínea, no manda, no dirige, amenaza, asusta, desorienta, desprotege, pero con paradojalmente lo hace con más luz que la que los ojos de la percepción necesitan para evitar que tropecemos con la vereda o choquemos con el espejo en una pieza oscura.

viernes, agosto 31, 2007

Porcupine Tree -> arriving here


Hace rato que vengo entendiendo a Steven Wilson, pero empieza otra etapa en mi relación con él: adorarlo. Evidentemente no escribo sobre una inclinación sexual, si no sobre una sensual, de sentido, principalmente musical. Fish lo llama el prog-prince. Yo creo que ya es hora de que hablemos del Prog-King, así, con MAYÚSCULAS. Fear of A Blank Planet es el mejor disco del 2007, sin duda alguna. Y "Anesthetize", la mejor canción.
Pero necesito cavar un poco hacia atrás. Qué maravillas encuentro: even less, pure narcotic, tinto brass...todas del Stupid Dream; blackest eyes, trains, lips of ashes, la tríada perfecta para el comienzo de un disco inverosímil (In Absentia), que además parece insuperable, hasta que llegamos al Deadwing: Lazarus y la mejor de toda su discografía: Arriving somewhere but not here. ¿Cómo me convencí de ellos? Fue Trains, creo. Pero hay un gesto antes.

Durante una de las visitas de Fish a Chile me hice pasar por extranjero y me colé en el Lobby de su Hotel, esperándolo para sacarle una foto, digo "sacarle" literalmente, porque no quería nada con nadie. Pude posar con él a duras penas un segundo antes que se fuera al ascensor. Igual lo esperé un rato más. Fish se mostró enojado cuando, asu vuelta, nuevamente le tomé, esta vez desde lejos, una foto. Pero ahí estaba su guitarrista de gira, el inigualable John Wesley, quien intercedió por mi: "come on, he just wants to picture you", le dijo serio. No sabía yo entonces que era un miembro de PT, y que con su gesto me estaba señalando el camino del relevo.

Como pone la última Rolling Stone: Si Syd Barret viviera hoy, seguro que tocaría en PT y su álbum de vanguardia sería el último de la discografía de esta incontenible banda.