Cuénteme Usted, que no es de acá ¿qué opina de nuestra ciudad?
Es dura. Su gente no la habita de verdad, porque habitarla es vivirla, tranquila y luminosa. Me figuro acá la presencia de un dolor como suspendido en el aire, incrustado en manos y pechos, respirado, exhalado, perceptible en sus caras, en sus ruidos –puedo escuchar gritos y aullidos-, y en el andar de los perros solitarios. Nunca vi tantos ni tan tristes.
¿Cuál dolor?
¿Ve? A eso me refiero con “respirado”, ni siquiera le es conciente, como el aire. Pero no es un dolor imaginario, es material: se toca. Y se carga.
¿Acaso en su ciudad no sucede esto?
No señor, yo vengo de Valparaíso.
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